Hoy, tenemos como invitado especial al Maestro Nacional Senior de Perú y vicepresidente de la Escuela y Club de Ajedrez de Surco – ECASU, Juan Antonio Reyes, quien nos contará acerca de “la teoría de la ventaja” en ajedrez, que todo jugador debe de conocer y valorar cuando se presenta una situación concreta. ¡No se lo pueden perder!

TEORÍA DE LA VENTAJA


Autor: Lic/CPC Juan Antonio Reyes


Según el diccionario de la Real Academia Española, ventaja es la superioridad o mejoría de alguien o algo respecto de otra persona o cosa. Tratándose del ajedrez, sería la disposición superior de nuestras piezas y peones respecto de la disposición del rival. Ahora bien, toda ventaja es comparativa y concreta (respecto de un objeto en particular), y para que ésta se manifieste es preciso identificar tales objetos o elementos como, por ejemplo, comparar peones propios vs peones rivales, piezas propias vs piezas rivales, etc.

Los elementos del ajedrez que dispone cada jugador y que son objeto de comparación son:

  • El material (piezas y peones)
  • El espacio (las 64 casillas)
  • El tiempo (las veces que hemos hecho una jugada)

La combinación óptima de estos elementos —mejor ubicación de piezas y peones en las mejores casillas y en el mejor tiempo— configura lo que se conoce como “posición”. Cuando comparamos las posiciones de ambos jugadores podemos estimar que una es superior a la otra cuando comprobamos que ella refleja mejor uso de los elementos. Esto quiere decir que, respecto del material, quizás tengamos unos peones demás o una pieza extra. Respecto del espacio, tal vez nuestros peones estén más avanzados que los del rival y, por eso, disfrutamos de mayor espacio. O que, finalmente, habiendo efectuado 10 jugadas cada jugador se verifica que uno de ellos tiene piezas mejor situadas o una mejor estructura de peones.

Esta comparación de los elementos determina quién tiene ventaja respecto del elemento comparado. Y puede muy bien darse el caso que un bando posee ventaja de espacio cuando su rival posee de material, o viceversa. Decimos entonces que el jugador que posee mejores ventajas, tiene una posición superior (resulta mejor hablar de posición superior y no de posición ventajosa, puesto que toda ventaja es concreta respecto de un elemento del juego).

Ahora bien, debido a la movilidad y funcionalidad de los elementos podemos clasificarlos a unos como rígidos y a otros como flexibles, o estáticos y dinámicos, algo así como estructura ósea y su complemento muscular en el cuerpo humano: juntos ganan movilidad y fuerza. Corresponde a los primeros la formación de los peones, debido a su limitada movilidad y, a los segundos, las piezas. Con esta clasificación podemos establecer una serie de relaciones en nuestra posición como en la del rival, que podrían indicarnos cuán “saludable” está; como el médico que utiliza el índice de masa corporal para opinar sobre un aspecto de nuestra salud.

Cuando las relaciones se establecen entre los elementos de nuestra posición, podemos denominarlas de cooperación (cómo coopera piezas y peones), o de coordinación (cómo están dispuestas las piezas de cara al objetivo buscado). Sin embargo, cuando la comparación se hace entre elementos de nuestra posición y la del rival, podríamos denominar de estructura de peones, comparando la formación de los mismos; de componente dinámico, comparando la posición solo de piezas; o de coyuntura, para evaluar el grado de cooperación propia con la del rival.

Las relaciones que denomino de cooperación, consiste en comparar la disposición de nuestros peones y piezas tanto propio como del rival. Tomemos por ejemplo el caso de la relación de peones y la presencia de un alfil propios: si la formación de peones ocupa casillas del mismo color por donde se desplaza el alfil, entonces se dice que el alfil es “malo”, sobre todo si dicha pieza queda atrapada dentro de la estructura. Por contraparte, se dice que el alfil es “bueno” cuando los peones ocupan casillas opuestas al que corresponde al alfil; es decir, no estorba su desplazamiento. Si las demás relaciones de los otros elementos son equilibradas, se dice que el bando que posee el alfil “bueno” tiene ventaja. Ocurre también que un caballo ocupa una posición dominante en el tablero que el alfil contrario no puede expulsar. En este caso, igualmente, si los demás elementos y sus relaciones son equilibradas, conviene simplificar el juego procurando que nuestros peones ocupen casillas del color opuesto al alfil contrario. Los peones del enemigo, sin embargo, podrán ser alcanzados por el caballo pues éste puede ocupar todas las casillas del tablero. Otras veces la estrategia consiste en dejar al rival, mediante cambios, con la pieza que no coopera con su estructura. Para que su relación de cooperación mejore el rival requerirá de algunos tiempos, lo que se podrá aprovechar para iniciar un ataque en el sector menos cooperante.

Las relaciones estructurales de los peones son, al decir de los expertos, las más importantes: sus efectos se sienten en toda la partida. El avance de un peón sin la justificación debida puede dejar a su paso casillas sin protección (consideradas débiles en el ajedrez), convirtiéndose dichas casillas en objetivos de invasión del equipo rival. Por eso, es preciso en este punto establecer las fortalezas y debilidades de nuestra estructura, así como las del rival. Si uno de los bandos cuenta con un peón pasado y al rival le resulta difícil crear uno, se dice que quien tiene el peón pasado tiene una ventaja considerable pues su avance será un peligro, toda vez que en pocas jugadas puede transformarse en una nueva Dama. Así, dicho peón atraerá la atención del rival quien tratará de detenerlo, consumiendo sus fuerzas en este propósito Por eso, cuando se cuenta con una mayoría de peones en un sector del tablero, la estrategia consiste en convertir esa mayoría en un peón pasado.

Las relaciones de componente dinámico están referidas en realidad a la actividad de las piezas. Me parece que componente dinámico es el término más apropiado pues las piezas fácilmente cambian de posición en el tablero, a diferencia de los peones que incluso no pueden retroceder. Como en las relaciones estructurales de peones, es necesario también establecer las fortalezas y debilidades de nuestra disposición dinámica, así como la del rival. Y este ejercicio hay que hacerlo pieza por pieza tratando de justificar su ubicación en determinada casilla. Esta justificación implica convencernos de que en esa posición la pieza desarrolla su máxima potencialidad. Aquí podemos rubricar la máxima de Tarrasch cuando dice, “una pieza mal colocada y toda la posición está mal”. Como consecuencia del análisis de esta relación, nuestra estrategia podría ser invertir algunos tiempos en mejorar algunas de nuestras piezas o cambiar nuestras piezas inactivas por las activas del rival. Si logramos tener piezas más activas que el rival se diría entonces que tenemos una ventaja dinámica, de actividad o temporal en la forma de ventaja de desarrollo o superioridad de fuerzas en algún sector del tablero. Si ese fuera el caso, la estrategia para explotar esa ventaja consistiría en la apertura del juego —cambio o sacrificio de peones, incluso sacrificio de pieza— para que las piezas activas invadan el dispositivo enemigo por las brechas abiertas.

Entonces, digo yo, de lo que se trata en el juego de ajedrez es de conseguir alguna forma de ventaja, sino, es imposible pensar que la victoria llegará sola. Por eso he pensado que el juego de ajedrez es un proceso que tiene tres facetas:

  1. Creación de la ventaja;
  2. Imposición de la ventaja; y,
  3. Realización de la ventaja final.

Desde el inicio de la partida los primeros movimientos deben estar orientados a la creación de alguna ventaja. La primera de todas y más común es la ocupación del centro con nuestros peones, ¿por qué?, porque si el rival permite la formación de dicho centro, sin ningún plan de contención, los peones pueden avanzar y ganar espacio y eventualmente expulsar a las piezas enemigas de sus buenas ubicaciones. De esta forma van apareciendo otras ventajas como es la de espacio y coordinación (puesto que la formación enemiga está descoordinada por la expulsión de las piezas).

Ya en partidas de jugadores intermedios la formación de un centro sin contención es impensable, a menos que el rival ceda el centro a cambio de algunas compensaciones como, por ejemplo, obtener ventaja de espacio en el otro sector del tablero. Así ocurre en la Defensa India de Rey donde las negras permiten la formación de un amenazador centro blanco al que luego presionan —tensionan— en d4, colocando un peón en e5, provocando el avance d5. El centro entonces queda más o menos fijo y la formación provocada por las negras y buscada por las blancas delimita el campo de acción para cada ejército: el flanco de rey, para las negras, y el flanco de dama para las blancas. En este caso cada bando tiene una ventaja a su favor en un sector del tablero y la partida transcurre por buen tiempo con la utilización de dichas ventajas. Esto viene a configurar la segunda fase de la partida: la imposición de la ventaja. Cada bando hará sentir en sus próximos movimientos que será capaz de crear fuertes amenazas para conseguir otras ventajas, pequeñas o significativas. Pero la lucha también transcurre en el trueque de ventajas, en el sacrificio de algunas a cambio de obtener otras más duraderas. Esta es la característica de esta fase que transcurre bajo lo que denomino Ley de la Compensación: ceder alguna ventaja a cambio de otra, por pequeña que sea. En la medida que no logremos compensar los sacrificios estaremos violando esta ley y solo un error del rival puede equilibrar de nuevo las fuerzas, sino, estaremos condenados a la pérdida de la partida.

A resultas del tira y afloja de la fase anterior, uno de los bandos puede lograr la ventaja más significativa o duradera, por ejemplo, dominio de la única columna abierta lo que le permitirá invadir el campo enemigo, colocar sus torres en sétima, generar un peón pasado o, en última instancia, pasar a un final ganador. Esta sería la fase más técnica, la de mayor cálculo, pero también la que requiere el uso en mayor medida de la memoria. Esta fase coincide con la división tradicional del juego de ajedrez: su fase final. Por eso se requiere aquí el dominio de los finales básicos y los mates elementales. Esta es la fase que denomino Realización de la ventaja final.

Juan Reyes La Rosa

About Juan Reyes La Rosa

Maestro Nacional Senior, Vicepresidente de la Escuela y Club de Ajedrez Surco - ECASU. Licenciado y contador público colegiado. Empresario.